El resumen
que a continuación presentamos, pretende realizar un análisis de la
investigación realizada por Juan Bosco Bernal en el año 2000, referente a la realidad y
desafíos que confrontaba la educación superior panameña, con miras a concientizar los
sectores involucrados en su mejora: autoridades del Estado, Instituciones de
Educación, población en general.
Ambiente del año 2000.
Primeramente,
nos presenta las características de la población, un conjunto de etnias y
culturas extremadamente diversas, y con
una tasa de pobreza relativamente alta, de la cual solamente el 3% reforzaba su
instrucción en la educación superior. También nos explica que, a pesar de que
la educación superior y principalmente universitaria de carácter público es
relativamente económica, el costo superaba el de la canasta básica. Hace énfasis en que, la
distribución de los ingresos tiene una enorme influencia en la democratización
de las oportunidades educativas, especialmente en el acceso a la educación
superior. La población pobre, con mayores desventajas educativas, podrían
seguir reproduciendo las estructuras de pobreza.
Se
observaba también que la mayor parte de los estudiantes estaban matriculados en
aéreas de competencia para el principal sector económico del país, el sector de
bienes y servicios. Nos indica además que en la Universidad de Panamá, institución que alberga más del
50% de la población de educación superior, a pesar de que la distribución de la
población se centra en carreras aplicables al sector terciario, son las
carreras de ciencias de la salud, y más específicamente las de medicina y odontología, las que cuestan
más al Estado, y por ende, las que reciben más inversión.
Es por ello
que nos habla de un cambio en el costo de la matricula que se ajuste a esta
realidad, pues en mi opinión, se está desmejorando la calidad de la educación superior a la mayoría de la
población estudiantil en pos de una ínfima cantidad de esta, cuyo costo de
carrera es hasta 10 veces más que el costo del alumnado promedio. En
consecuencia, los estudiantes de la minoría y cuyas carreras son más costosas
deben asumir parte del gasto de su carrera.
Comenta
además, que las universidades están sectorizadas en los siguientes rubros: la
docencia, las actividades administrativas, la investigación y extensión
cultural, y que de ellas, para el caso particular de la Universidad de Panamá, más del 90% del presupuesto, que
en su mayoría es estatal, estaba dedicados a la docencia y actividades
administrativas. Los otros dos rubros recibían menos del 10%.
Hace una
crítica referente a esta situación pues la Universidad de Panamá en la actualidad, trece años después de que se publicara este
escrito, tiene una burocratización desmedida, que en mi opinión, pareciera que
estuvieran dedicadas a mantener empleadas a una población docente y
administrativa, más que al hecho de formar al estudiante, pues los sistemas
administrativos y de educación, a pesar de ser los que se llevan la mayor parte
de la inversión, son los que peor funcionan.
También
menciona que la investigación de las universidades en general, se encontraba
poco desarrollada debido a la poca inversión que se le daba. Esta situación aun
hoy en día se puede observar. Este rubro, debido a la falta de financiamiento y
de infraestructura propia para un buen desenvolvimiento, es uno de los
eslabones débiles en las universidades, sin embargo señala que existen universidades
como la de Panamá, la Tecnológica, la USMA, ULACIT y UDI, que estuvieron
haciendo grandes esfuerzos por su mejoramiento. Cabe destacar que Panamá carece
de carácter investigativo y por ende, no tiene investigadores propios, así que
el camino para llegar a un nivel aceptable es largo y deben tomarse las medidas
pertinentes lo más pronto posible.
Otro punto
destacado es el curriculum, el cual en muchas ocasiones estaba desactualizado
con la situación del mercado laboral, lo cual incurría en un profesional con
una instrucción que servía de poca o ninguna ayuda para el desarrollo de los
sectores productivos. En esta misma línea, pocas eran las instituciones de
educación superior hacían estudios para determinar la demanda del rubro
laboral. Tampoco se orienta la educación del estudiante a ser investigativo.
En cuanto a
la extensión, indica que la Universidad de Panamá, la Universidad Tecnológica de
Panamá, y la Universidad Santa María La Antigua, se encontraban diseminadas por
las 9 provincias. Sin embargo recalca, que pocas eran las universidades que
invertían en estructuras para sus sedes.
Otro punto
es la calidad del docente y la manera de impartir cursos. Pocas eran las
universidades con un cuerpo docente que poseyera una instrucción por encima del
grado, además de indicar que el sistema de calificaciones era, y sigue siendo
en forma cuantitativa y memorística, no se le inculca al estudiante a ir mas
allá de los saberes indicados por el profesor, no se le permite desarrollar un
criterio propio.
Hace una
crítica a la administración en las universidades, pues en las universidades
públicas, que contienen la mayor población estudiantil, habían pocos o ningún
profesional cualificado en administración académica.
Las
universidades en Panamá son creadas mediante decretos y leyes, y son aprobadas
tanto por el Órgano Ejecutivo como el Legislativo. La Universidad de Panamá es
el ente fiscalizador de las carreras en todas las universidades del territorio
nacional. Una crítica a este punto en mi opinión es que, considerando el atraso
en el curriculum de las carreras de esta institución, es bien pobre la
aportación que pueden dar a las otras casas de estudio superior.
Desafíos en la Educación
Superior
Según Juan
Bosco Bernal indicaba ya desde el año 2000:
“En los
próximos 15 años se espera que la educación superior en Panamá se haya expandido,
diversificado más aun, coordinado sus instituciones y programas, articulado sus
operaciones a los sistemas precedentes del sistema educativo; mejorado su
equidad y calidad, logrado mayores niveles de pertinencia, aumentado su
eficiencia interna y su gestión institucional y alcanzado vínculos fructuosos
con el sector productivo, la sociedad civil y el Estado”.
Hoy en día,
13 años después, vemos que hay 19 universidades acreditadas a lo largo del
territorio nacional y no solo las 15 que se mencionaban, es decir, casi una
universidad por cada 3 años. Pero vamos más allá, ya que la oferta en educación superior es numerosa. El propio Estado
ha tenido que mejorar instituciones como el antiguo INAFORP, ahora convertido
en INADEH, que dicta clase hasta en las empresas particulares que así lo
soliciten, incluso dan clases virtuales.
Otros
desafíos planteados son:
- Realizar estudios del mercado ocupacional a fin de que se mejore los planes en la educación superior.
- Planificar la visión a futuro de la educación superior, mediante planes y proyectos que alcancen metas a corto, mediano y largo plazo.
- La institucionalización de la evaluación y acreditación de las instituciones. Para ello se han promulgado actualmente decretos y leyes como la Ley 30 del 20 de enero del 2006, que crea el sistema nacional de evaluación y acreditación para el mejoramiento de la calidad de la educación superior universitaria.
- Mejoramiento de la burocracia en las instituciones principalmente las del estado.
- Formar lideres y administradores, dentro de la gestión universitaria, que lleven las riendas de las instituciones.
- “Introducir en la vida de las instituciones, en la docencia, la investigación y la gestión, las tecnologías modernas de la informática y las comunicaciones”.
- Diseñar y poner en marcha una red de servicios y apoyos a los sectores productivos, gobierno y sociedad civil, que permita generar recursos propios y aumentar el impacto de la educación superior en el desarrollo nacional.
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